Destacados

Llega a la presidencia de Chile el primer Frei

Del volumen 4 de Memorias de Él y yo

Primera edición (La Nueva Edad. Santiago, 1999). Ir a Catálogo de EB Libros…
17 octubre 2026

Las elecciones presidenciales en Chile las ganó Eduardo Frei Montalva, con el apoyo de la derecha, en contra de Salvador Allende. Y ahí empieza la desgracia de Chile,…

Seguir leyendo…

Ir a Catálogo de EB Libros para reservar…

Las elecciones presidenciales en Chile las ganó Eduardo Frei Montalva, con el apoyo de la derecha, en contra de Salvador Allende. Y ahí empieza la desgracia de Chile, desde un punto de vista más profundo que el político. Desde un punto de vista «esotérico», diría.

El Maestro nos lo explicó: «Frei es un hombre débil, lleno de resentimientos, solo el desastre espera a la nación…». Nosotros le escuchamos, y aún hoy lo recuerdo. El Maestro nunca se equivocó.

—Le he visto en astral, donde nadie puede engañar a nadie —nos agregó—. Tenía un aura y un cuerpo gris, color de la debilidad y del resentimiento. «Usted es un débil», le dije. «Sí, pero tengo la palabra», me respondió.

Presenté mi renuncia, como se debía hacer en estos casos, por ser el cargo de embajador de exclusiva confianza del Presidente. Él puede aceptar la renuncia o confirmar en el puesto. Con gran sorpresa, recibí la aceptación. He dicho que conocí a Frei siendo un niño, en el “Instituto de Humanidades”, donde fue mi profesor. ¿Qué había pasado? Viajé de inmediato a Chile y ahí me enteré que el Subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores era el «Capuleto» Enrique Bernstein. Seguramente este pidió a Frei que me sacara. Y el «débil» aceptó. Ministro de Relaciones Exteriores había sido nombrado Gabriel Valdés Subercaseaux. La atmósfera era muy distinta en el país. En tan poco tiempo ya se respiraba un aire de proselitismo, de soberbia, de «vendetta», donde no valía la capacidad ni se respetaba la amistad, por sobre la ideología política. Allí mismo se destruyó la grandeza del alma de un Chile tradicional y hermoso.

No voy a repetir lo ya contado muchas veces: cómo me echaron. El mismo día de la llegada al poder del primer Frei y de la democracia cristiana, se borra del diccionario nacional la palabra patria, así como con la llegada del segundo, del hijo, se hace desaparecer el lema del escudo nacional y se entregan en regalo y en venta enormes territorios del país, bajo la impavidez total de las fuerzas armadas.

Fue por miedo que me repusieron en mi cargo. Miedo a Darío Saint Marie y a su diario Clarín.

El rechazo del Senado de la República al nombramiento de un nuevo embajador democratacristiano en Yugoslavia, «descolocó», como se diría hoy, al Gobierno y al ministerio de Gabriel Valdés. Sin saber qué hacer, la única solución, para no tener que recurrir de nuevo al Parlamento, fue mi reposición en la embajada. Pero no fue fácil para ellos, porque ahora yo exigí una explicación escrita, con excusas al gobierno de Tito, por mi retiro y por el pedido de Agreement para otro representante. Ya no recuerdo las razones que se dieron; pero se dieron. Y así, logrando plena satisfacción por lo que se me hizo y confirmando a la vez la definición dada por el Maestro de «debilidad» de los democratacristianos, volví a Yugoeslavia.

Un poco antes tuve una conversación con Enrique Bernstein, sobre Shakespeare, mi tío Joaquín y los Montescos y los Capuletos. Y ambos quedamos de acuerdo en dejar de representar para siempre el papel de actores shakespearianos.

Mi colaboración con Bernstein y con Gabriel Valdés fue muy fructífera, durante todos los años del gobierno de Frei padre. Y fueron ellos los que me trasladaron de Yugoslavia a Austria, permitiéndome instalarme en el corazón mismo donde se encarna el Avâtara y nace la leyenda del hitlerismo esotérico.

Cerrar
>