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Nietzsche y Hitler

Nietzsche y la danza de Shiva

Tercera edición (EB Libros. Santiago, 2015). Ir a Catálogo de EB Libros…
2 agosto 2026

Nadie debería confundirse sobre la posición de Nietzsche y las consecuencias que traerá su concepción de la Voluntad de Poder y del Eterno Retorno en la creación histórica del Superhombre.

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Es imposible pretender acusar a Nietzsche de nazista, pero no lo es decir que el hitlerismo ha sido el intento único, honesto y total por realizar sus visiones hasta sus últimas consecuencias, en sus más altas cimas y en sus abismos.

Hablar de Nietzsche eludiendo todo esto es pretender quitarle su «veneno», su sustancia luciferina, dionisíaca, shivaísta. Es querer entregar un Nietzsche al alcance de la burguesía y de los revolucionarios de superficie. Un Nietzsche que expone pensamientos poéticos, locuras geniales, a menudo incomprensibles, pero que se mueve muy arriba con su águila sin posibilidades de proyectar su sombra aquí en la tierra, sin cumplimiento de la ley hermética: «Lo que es arriba es abajo». Un Nietzsche que no quitará el sueño apacible del hombre corriente, del intelectual, del literato, del versificador fácil, del político; en suma, un Nietzsche para ser bien editado, vendido y comprado, quizás si un nuevo best seller, que se hará popular porque se ríe de los  alemanes. Es decir, de los grandes derrotados de la historia. Pero se olvidan, o quieren hacer olvidar, que también Nietzsche es un gran derrotado.

He aquí lo que Nietzsche dice en Ecce homo, esa última obra escrita como en trance, poco antes de cruzar el umbral donde nunca podremos saber ya qué ha sido de él, tragado como por esos «hoyos negros» del cosmos, donde hasta la luz desaparece, o se transforma en otra cosa:

Yo soy un alegre mensajero como no lo ha habido nunca, y conozco tareas que son de tal altura que la noción ha faltado hasta el presente. Hasta que yo vine no hubo esperanza. Con todo esto, yo soy necesariamente también el hombre de la fatalidad. Pues cuando la verdad entre en lucha con la mentira milenaria tendremos conmociones como jamás las hubo, una convulsión de temblores de tierra, un desplazamiento de montañas y de valles, tales como nunca se han soñado. La idea política quedará entonces absorbida completamente por la lucha de los espíritus [subrayamos]. Todas las combinaciones de poderes de la vieja sociedad saltarán por los aires, porque todas estaban basadas en la mentira. Habrá guerras como jamás las hubo en la tierra. Solamente a partir de mí existirá una gran política.

Y en otra parte:

Yo soy un monstruo de la historia de la humanidad. Yo soy eso que en griego, y no solo en griego, se ha llamado el Anticristo.

¿Se comprenderá ahora la fórmula de semejante destino hecho hombre? La encontraremos en mi Zaratustra.

Yo conozco mi destino. Un día mi nombre irá unido a algo formidable: el recuerdo de una crisis como jamás la ha habido en la tierra, el recuerdo de la más profunda coalición de conciencias, el recuerdo de un juicio pronunciado contra todo lo que hasta el presente se ha creído, se ha exigido, se ha santificado. Yo no soy un hombre, soy la dinamita.

Luego:

Yo no hablo jamás a las masas…

Es difícil poder encontrar una profecía mas extraordinaria: «Un día mi nombre irá unido a algo formidable, el recuerdo de una crisis como jamás la ha habido en la tierra…».

Nietzsche habla de recuerdo. En verdad, él está recordando, viajando desde el futuro hacia el pasado, en el
Eterno Retorno, porque todo eso ya ha sucedido infinitas veces en la eternidad, con «cambios en las leyes», aunque «no en las fuerzas», y de esa catástrofe él pudo haber salido triunfante en otras ocasiones, o lo saldrá en la próxima, en el círculo del Eterno Retorno, como es posible también que no se haya vuelto loco antes, o no se vuelva nunca más.

Nietzsche está «pre-captando» el futuro, lo está «recordando», porque en la «visión reside la nostalgia».

Como hemos dicho, Alemania, el pueblo de Nietzsche, un pueblo filosófico, se enamora de él. El alma colectiva
alemana, que es siempre femenina, como en todo pueblo, se enamora de Nietzsche —o de Zaratustra—, quien la ha «despertado con un látigo» y da a luz el sueño total del Superhombre. Hitler será el «rayo que anuncia la tormenta». La encarnación, o el hijo de Zaratustra. Además, hará posible la reconciliación en sí y en Alemania de Nietzsche y Wagner.

Estamos ahora de lleno sumergidos en el mundo del mito y de los símbolos.

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