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La resurrección del mito

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En lo alto de ese monte se encuentran las ruinas del castillo de Montsegur.

«¿Dónde se guarda hoy el gral? Tal vez en lo más profundo del corazón».

 

René Nelli se encuentra perplejo y vacilante. Saint-Loup, al ser interrogado sobre las fuentes de su información, se niega a revelarlas.

Las SS negras continúan por su cuenta, en plena guerra ya, la búsqueda del gral en los Pirineos del Languedoc.

René Nelli confirma que científicos alemanes, geólogos, etnólogos, antropólogos, disfrazados de milicianos franceses, recorrieron frenéticamente las cavernas de los Pirineos, durante la ocupación alemana del Languedoc. Investigaban en esas grutas, que hace más de siete siglos sirvieran de último refugio a los sacerdotes, guerreros y señores cátaros. ¿Qué buscaban?… El gral.

Según Saint-Loup, las SS de Hitler encuentran el gral y lo transportan a Berchtesgaden, ya al final de la guerra. El libro de Saint-Loup Nuevos cátaros para Montsegur se inspira en la epopeya grandiosa y dramática del Languedoc (tan parecida a la irlandesa) y su lucha por alcanzar nuevamente su independencia dentro de una Europa de «patrias carnales», como él y los SS la llaman. Cree que esto se habría logrado con el triunfo alemán. La mayor parte de su libro está basado en hechos. Hechos históricos son la búsqueda de los alemanes en las cavernas pirenaicas y el vuelo del avión sobre Montsegur, trazando con humo la cruz céltica, en el setecientos aniversario de su caída. También la partida de una columna alemana de oficiales de las SS al término de la guerra, fuertemente custodiada, en dirección a Berchtesgaden, portadora de «algo» hallado en los Pirineos.

Según Saint-Loup, los alemanes tampoco alcanzan a descifrar el gral. Al final de la guerra, el 2 de mayo de 1945, derrotada Alemania, otra columna compuesta de oficiales escogidos, de una «división de Waffen-SS», sale de Berchtesgaden en dirección a un glaciar del Tirol austríaco (en Zillertal) cerca del refugio actual de Furtschlag y no lejos también de donde muriera Otto Rahn. Lleva el gral. Allí se lo oculta nuevamente para que sea reencontrado por las generaciones del futuro. Tres de los altos jefes de las «Waffen-SS», un francés, un americano y un noruego, parten en un avión, que despega de la carretera Munich-Salzburgo, en dirección al Tíbet.

En El retorno de los brujos, Pauwels y Bergier sostienen que existieron conexiones misteriosas entre el Tercer Reich y el Tíbet. Dicen que las instrucciones de persecución a los gitanos (¿y a los judíos?) habrían sido transmitidas desde el Tíbet, y que una división tibetana lucha hasta ser completamente destruida en la última batalla de Berlín.

El Nido del Águila de Hitler, en Berchtesgaden, en los Alpes bávaros ―que no hay que confundir con su chalet, que quedaba mucho más abajo―, está sobre la cumbre empinada de una montaña y puede hacer pensar que ha sido edificado recibiendo como inspiración el castillo de Montsegur de los cátaros. En el Nido del Águila también se habría guardado el gral, según Saint-Loup.


Un chileno

Creo haber sido el primero, quizás si en todo el mundo, en aquella época ―durante la guerra―, en escribir en este mismo sentido y sobre estos mismos temas. Mi investigación posterior en India, donde también se habla de Aryana Vaiji, el hogar primigenio de los arios (El hogar ártico en los Vedas, publicado por Gangadhar Tilak en 1956), y ahora mi investigación sobre los cátaros, en relación con la filosofía de amor «tántrica», me han llevado nuevamente a encontrar las huellas de un mito.

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