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La resurrección del mito

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En lo alto de ese monte se encuentran las ruinas del castillo de Montsegur.

«¿Dónde se guarda hoy el gral? Tal vez en lo más profundo del corazón».

 

Al igual que Saint-Loup, yo recorrí las regiones del sur de Chile, pero llegué mucho más lejos que él, hasta la Antártida, en busca de los misteriosos «oasis» de aguas templadas, que existen en medio de los hielos. (Un curioso libro, de un húngaro, Ladislao Szabó, afirma que, al finalizar la guerra, un misterioso convoy de submarinos alemanes se dirigió a la Antártida, portando un «gran secreto»). Pensé que allí encontraría el gral, transportado desde los lejanos hielos del norte, desde «Aryana Vaiji», desde Groenlandia, desde el Ártico, a los profundos hielos del sur, para reunir los extremos terrestres. Allí, en las praderas de nieves, junto a las enormes barreras, busqué desesperadamente las «claves» perdidas que pudieran revelarnos el secreto de la Totalidad. (Todo esto fue descrito en mis libros Quién llama en los hielos y en La Antártica y otros mitos). Después partí a la India, patria nupcial de la leyenda, para concluir también que su yoga conocido ha perdido las claves…

Saint-Loup cree que hay ya «colonias» en el sur del mundo que custodian el secreto y viven conforme a la «ley»… Él las buscó, sin hallarlas. Hay quienes piensan que esas «colonias» estarían compuestas por Les Nouveaux Cathares.


Dioses y demonios

En los glaciares del Tirol, en los oasis de la Antártida… ¿Dónde se guarda hoy el gral? Tal vez en lo más profundo del corazón. Porque el gral es la «Flor Inexistente», la exteriorización de Algo, de un Tesoro, que solo dentro de nosotros existe y que únicamente allí podrá ser hallado. Presa de esa tremenda emoción subjetiva, al proyectar la visión al mundo externo, somos las primeras víctimas de nuestras propias «creaciones mentales». El mito, la leyenda, el arquetipo nos quemará en su fuego y nos arrebatará de la tierra en las llamas que le pertenecen, reduciéndonos a cenizas junto con esos sueños. Hay una promesa de un «tal vez renacer», en un mundo de puros símbolos. He aquí la agonía del terrible juego. Tanto los que afirmaron que «el reino no es de este mundo», como los que creyeron que lo era, al ser voluntaria, o involuntariamente, presa del arquetipo, del mito, fueron arrebatados por las llamas. Y el fuego alcanzó hasta los hijos de los hijos de sus hijos. La desaparición material del mundo podría producirse por la absorción por un arquetipo. Lo que la psicología contemporánea llama arquetipo son los dioses y demonios de la Antigüedad. No es necesario repetir sus nombres; aún hoy día ellos deberían ser pronunciados en voz baja…

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