Archivo Miguel Serrano - Escritos

Réquiem

In memoriam

A la muerte de Jorge Teillier.

El Mercurio (28-4-96); y Ciudad de los Césares, núm. 43 (invierno 1996).

 

Se sabe cuánto amo a Chile; pero a un Chile ideal, no de carne y hueso. Amo a Chile; pero desprecio a los que esperan que un hombre haya muerto para exaltarlo, para decir cosas maravillosas sobre él, cuando ya no pueda hacerles sombra, cuando ya no deban darle nada. Es el caso de este poeta de verdad, grande y de verdad, porque no le otorgaron el Premio Nacional, porque vivió y murió pobremente.

Ahora se hablará sobre él, se escribirá sobre él y, luego, se olvidará, muy pronto. Es el signo de la patria, el signo, además, de los tiempos. Nuestra galaxia se va, si es que ya no se fue, tragada por el hueco negro del firmamento, por el Sol Negro. Y aunque Teillier estaba en los bordes de esa galaxia del 38, ¡con qué orgullo le recibiríamos en su centro!

Con este poeta nos queríamos, aun cuando nos viéramos casi nunca. Dos o tres veces en la vida. La segunda fue la más importante. En un bar de la calle Loreto, hace casi veinte años, y junto a una copa de vino, hablamos de su hermana muerta. Y yo le dije: «Su hermana le ayudará…».

Hoy ya estará con ella. Aun cuando siempre habrá estado con ella. Porque «cuando una hermana amada muere, se entierra entera en el corazón de su hermano…».

Es por eso que al morir Jorge, él no habrá estado solo. Porque su hermana estaba con él, dentro de él. Y como ella ya conocía la muerte, ahora le estará enseñando el camino de la resurrección en su propio corazón. Y, en su compañía y la de Solano Tapia, patriarca de este pueblo, irán ya caminando juntos por estas zonas de la patria mágica, para al final dejar la tierra y ascender a las estrellas, al verdadero mundo de los poetas. De aquí avanzarán primero a Cabildo, pasarán el túnel «La Grupa», que es como cruzar el tubo astral, el hueco negro, el Sol Negro, hasta llegar a Petorca, a Chincolco y, de ahí, ascender al olvido de la tierra y los hombres.

Porque es así, Jorge Teillier, poeta querido… Y solo una flauta de nieve recordará tu dura y dolorosa historia…

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